¿Amigos?
— ¡Viviremos cerca! — Exclame con alegría, me producía un encanto extraño el hecho de tener a un compañero de mi preparatoria cerca, un amigo. — ¿En serio? — Dijo con tono sarcástico, por lo cual reí levemente — ¡Si! En serio — Aclare con una sonrisa muy amplia. Jake se bajo de su bicicleta con suma lentitud, acomodándose frente a mi — ¿Me dejas ser tu amiga? — Me anime a solicitarme de modo tímido, moviendo mi pierna a consecuencia de los nervios, era la primera vez que pedía tal cosa.
— ¿Eh? — Titubeo desorientado — Soy muy distante, no comprendo porque una niña como tú querría ser amiga de alguien como yo, resulta casi ilógico — Declaró confundido. Por primera vez abría sus sentimientos — Algo en tu mirada me evoca una sed insaciable de conocerte — Confesé mis suposiciones, poniendo dos de mis dedos en su frente de forma fraternal. Posteriormente arrebate mis dedos de su frente. Mi compañero sonrió muy apenas. — Tus expectativas sobre mi son muy altas, esperas más de mi de lo que puedo darte — Argumento aun con esa sonrisa apenas notable.
— No te conoces bien, es eso. ¿Qué te parece si te ayudo a conocerte a ti mismo? se que suena loco, pero no hay nada que perder. Reitero que deberíamos ser amigos.
— ¿Es así? Entonces, demos una vuelta, ayúdame a conocer esté lugar — Me propuso guiñando su ojo, con la sonrisa más forzada que haya visto en mi vida. ¿Tanto le costaba una sonrisa sincera? ¡Vamos! no es difícil.— Será en otra ocasión pues esta vez tengo algo particular que realizar.
— ¿Qué harás? no quiero parecer entrometido, si no me quieres decir, entiendo.
— Iré a un orfanato con unos niños naturalmente huérfanos. Allí vive un niño muy especial ¡Es un amor! desearía adoptarlo — Andrew me vio asombrado.
— No sabia que hacías esa clase de obras de caridad. — Es lo que más me gusta.— ¿Te puedo acompañar? —— Desde luego — Acepte. Jake rápidamente se subió a su bicicleta y me señalo la misma — Sube — Me pidió, yo hice lo requerido. Antes de que empezara a pedalear acople lentamente mis manos al rededor de su cintura con timidez. Le indique donde se encontraba el lugar mencionado.
Al llegar, varios niños se abalanzaron hacia mi con un abrazo de por medio — ¡Ha venido! ¡Nuestra Jane a venido! — Gritaban felices, dando brincos de alegría. Era majestuoso causar esa clase de sonrisas relucientes en los pequeños, me sentía agraciada — Preciosos, el es Jake y también vino a visitarlos — Avise señalando al chico con una sonrisa — Hola Jake — Saludaron en unisono — ¿Eres novio de nuestra Jane? — Le preguntó muy curiosa Lili a Jake, una de las niñas del orfanato, si por algo se distinguía era por sus preguntitas imprudentes, y por lo dulce que era. — Sería muy triste porque me has gustado desde que cruzaste la puerta, nunca me había parecido lindo nadie — Manifestó la pequeña sonrojada hasta el tímpano, me eche a reir inconsolablemente. — No lo soy, pero tu eres preciosa — Dijo Jake tomándola entre sus brazos, hecho que me hizo estremecer, figuraba en su rostro la primera sonrisa sincera, la escena iba más allá de lo conmovedor. — Jane es mi novia, así que Jake no podría ser novio de ella — Reclamo con tono de voz de posesión mi querido David. El pequeño al que yo pretendía adoptar. Voltee a ver a Andrew y su entre cejo estaba fruncido, mostraba una sonrisa a medias. Lo observe con cara de suplica y soltó una carcajada comprimida — Así que...¿son novios? — Cuestiono soportando sus incontrolables ganas de tirarse al suelo a reír — Creo — Aclare riendo, la cara de David ahora se miraba desconcertada — Claro que somos novios. De hecho, nos casaremos — Exclamo con una sonrisita orgullosa el pequeño de apenas 6 años.
El tiempo paso igual de rápido que siempre. A mi nuevo amigo lo llamó alguien a su nuevo celular del cual desconozco la procedencia, tras esa llamada su mirada cambio a una de completa seriedad, idéntica a la usual. Un "Vayámonos ya" surgió de sus labios con destreza, por lo cual enseguida nos despedimos en el orfanato. Próximamente no dude en preguntarle porque la prisa, ya que su pedalear era de una persona con mucha urgencia de llegar a su meta previamente definida, el chico me evadía con su simple mirar. "¡Por fin llegaste Valenzuela!" proclamo un hombre de más o menos 26 años de edad. Jake se subió sin decir nada, partieron a una gran velocidad en el carro lujoso.
Sin mucho que realizar me retire a mi hogar a meditar un rato, relajarme con un buen libro o una linda canción, pues cuando ya no queda mucho, una canción te proporciona basta energía.
Salí a tomar aire fresco luego de hacer las actividades mencionadas anteriormente, me tope con una mujer de alrededor de 23 años luciendo el vestido más corto y ajustada que haya visto en mi vida. Se encontraba parada frente a la casa de Jake, contemplando el lugar con curiosidad — ¿Se encuentra Jake Andrew? — Me pregunto sin antes examinarme de arriba hacia abajo con descaro — Si vive aquí, chula. Pero no se encuentra — Avise con una sonrisa sincera sin tomar en cuenta su desfachatez — Dile que no va tener otra oportunidad conmigo — Expreso acomodándose los senos sin pudor, después subió a su carro negro tomando partida. — ¡Un por favor no hace daño! — Grite bromeando antes de que se adentrara completamente a su automóvil por lo cual se limito a dedicarme una mirada asesina.
Permanecí allí observando el cielo con delicadeza, me encantaba ver las estrellas, eran pura sublimidad. Las estrellas siempre están allí, brillando para ti aun cuando los demás se convierten en oscuridad. Pero, siempre habrá alguien más importante: la luna. Aquella persona que brilla aun más ante la plenitud de la oscura noche. — ¿Qué haces aquí? — Me preguntó un Jake un poco despeinado logrando sacarme de mi galaxia. Choque en su planeta disperso — Por aquí vivo, ¿recuerdas? — Dije sonriendo igual que la mayoría del tiempo. El me miro con enfado. Continuamente se introduciría a su gran casa — ¿Te gustan las estrellas? — Le interrogue en un tono de voz elevado antes de que entrara de lleno a su nuevo hogar — No — Confeso seco deteniendo su paso — ¿Por qué? — Le pregunte de nuevo interesada — Son sólo rocas fúnebres.— ¿No te parece extraordinario que unas rocas fúnebres puedan brillar? — Demande a su respuesta muy alegre, volteando mi cuerpo a mi lado opuesto para quedar cara a cara — Una muchacha te dejo un recado. Ha dicho que no tendrás otra oportunidad con ella, si es tu novia deberían hablar, porque en clase de matemáticas ella no era justamente la que te beso — Advertí cambiando de tema inesperadamente
— ¿Te importa?
— No me gusta que los hombres jueguen con los sentimientos. El corazón no ha sido diseñado para ser tratado como un juguete y los sentimientos no son hechos para entretener momentáneamente.— Yo se lo que hago con mi vida.— Eres muy grosero. Siendo amigo, ¿eres de acero, cierto? — Opine riendo.— Y tu eres de porcelana. No quiero ser yo el desdichado que te rompa — En ese momento, no supe que decir. Por primera vez en muchos años me habían robado las palabras, el era un ladrón de oraciones. Eso era.
Continuara
— ¿Te importa?
— No me gusta que los hombres jueguen con los sentimientos. El corazón no ha sido diseñado para ser tratado como un juguete y los sentimientos no son hechos para entretener momentáneamente.— Yo se lo que hago con mi vida.— Eres muy grosero. Siendo amigo, ¿eres de acero, cierto? — Opine riendo.— Y tu eres de porcelana. No quiero ser yo el desdichado que te rompa — En ese momento, no supe que decir. Por primera vez en muchos años me habían robado las palabras, el era un ladrón de oraciones. Eso era.
Continuara
No hay comentarios:
Publicar un comentario